Habitáculo familiar

Los temidos deberes

El curso ha comenzado, y seguro que con él, aunque no en todos los centros, han llegado los deberes, tareas y trabajos para hacer en casa.

Ilustración de Ana Durán

Muchos profes, aunque no mandan deberes, sí que piden a los niños que no han completado las tareas en clase que las terminen en casa. Otros, sí que piden deberes todos los días. Y en algunas ocasiones, es una mezcla de ambas situaciones con el mismo resultado: una lista de tareas a realizar fuera del horario escolar.

Durante años realicé apoyo educativo con alumnado de Primaria y Secundaria. Tuve alumnado TDAH, Asperger, con dificultades de comprensión lectora, con falta de organización… Mi experiencia en este ámbito me ha ayudado a encontrar un método para organizar el tiempo de estudio de manera eficaz.

En esta entrada os explico cómo pautar la organización del estudio y cuál debe ser el papel del adulto a la hora de realizar las actividades escolares.

Familias al borde de un ataque de nervios

Muchos padres llegaban a mí desbordados y preocupadísimos porque el rendimiento académico de sus hijos era muy inferior al esperado.

Normalmente, ya habían hecho intentos de atajar el problema acudiendo a academias o a profesores particulares.

Sin obtener los resultados esperados, se encargaban ellos mismos de hacer los deberes y estudiar con sus hijos a diario. Las sesiones se hacían interminables, a menudo no eran capaces de terminar la tarea, acababan tan tarde que ya, prácticamente, era la hora de cenar… Todo esto provocaba muchísima tensión entre padres e hijos: enfados, riñas, discusiones, algunas veces castigos…

Marcando objetivos

En la primera reunión que mantenía con los padres, además de recabar información, les explicaba muy bien la labor que iba a realizar con sus hijos, y la estructura de trabajo que seguiríamos en las diferentes sesiones.

Mi objetivo principal era propiciar en los alumnos la adquisición de unos hábitos de estudio y trabajo que les permitieran mejorar su rendimiento académico, trabajar de manera autónoma y disfrutar de tiempo libre.

Si, habéis leído bien: ¡tiempo libre! Porque los niños tienen que descansar, jugar, leer, estar con amigos, andar en bici, construir, crear, imaginar… Algunos, más reticentes, fruncían el ceño pensando en qué quizá esto tampoco iba a funcionar: ¿tiempo libre? ¡pero si te acabo de decir que no solemos acabar las tareas!

Cómo organizar el tiempo de estudio

Muy simple y sencillo: se trata de estructurar y organizar el tiempo de estudio, intercalando tiempos de trabajo productivo con pequeños descansos.

Podemos hablar de 3 fases claramente diferenciadas: planificación, trabajo productivo y descanso.

Planificación

Se comienza escribiendo en un papel todas las tareas a realizar durante la tarde de estudio.

A continuación, se indica el orden en el que se realizarán. Al respecto, suelo recomendar:

  1. Comenzar por las actividades más difíciles y pesadas.
  2. Continuar por las actividades más sencillas y que exigen menos atención.
Ilustración de Ana Durán

Una vez ordenadas las tareas, se ponen encima de la mesa todos los materiales que van a ser necesarios durante el tiempo de estudio: libros, libretas, lápices, bolígrafos, compás, reglas…

Trabajo productivo

En esta fase se trata de ir abordando las tareas por orden.

Es muy importante evitar atascarse, ya que les impide seguir progresando con las demás actividades.

Si por ejemplo, no se es capaz de resolver un ejercicio de matemáticas, después de haberlo intentado durante un periodo de tiempo considerable, de haber consultado el libro, buscar en internet, etc., se debe apuntar la duda en la agenda para preguntar al profesor al día siguiente y pasar a la siguiente actividad.

Esto puede causar cierta controversia porque muchos entienden que los deberes son obligatorios y hay que entregarlos completamente hechos. Pero, es cierto también, que en ocasiones lo hemos intentado por activas y por pasivas, y no hemos sido capaces. Cualquier profesor entenderá esta situación, si al día siguiente le planteamos la duda que hemos tenido y le pedimos que nos ayude a resolverla: he intentando resolver este ejercicio haciendo esto y esto, pero el resultado que salía ere este y se contradecía con esto y esto otro.

Descanso

Muchas veces, el error que se comete es no hacer descansos mientras se estudia, tan o más importantes que los tiempos de trabajo productivo.

Por lo tanto, es necesario intercalar pequeños descansos, de 5 a 10 minutos, con los tiempos de trabajo productivo. En ellos se puede realizar cualquier actividad que no tenga relación con las actividades escolares: charlar, escuchar una canción, jugar, beber un vaso de agua, etc. Estos mini descansos sirven para poder volver a fijar la atención en la tarea en el siguiente tiempo de trabajo productivo.

Lo anterior, tiene que ver con la atención sostenida: la capacidad para mantener el foco atencional en una actividad o estímulo durante un largo periodo de tiempo (Cognifit). Los tiempos de atención sostenida varían de una persona a otra y dependen, entre muchos otros aspectos: de la edad; de la tarea a realizar; de la motivación; del cansancio; de la situación anímica o emocional…y un larguísimo etcétera. Algunos estudios afirman que no se puede mantener la atención sostenida más allá de 15 o 20 minutos; otros, alargan este tiempo y, hablan de 50 minutos.

Dadas las “limitaciones” que tenemos para mantener la atención en una tarea durante más de 20 minutos, los descansos son fundamentales. Tienen que ser lo suficientemente largos para que nuestro cerebro descanse, pero lo suficientemente breves como para no desconectar del todo de lo que estábamos haciendo: es decir, que no perdamos el hilo de las tareas en las que estábamos inmersas. Como decía, un tiempo adecuado de descanso debería estar entre los 5 y 10 minutos.

Un ejemplo para Primaria y Secundaria

En función de la edad, características del niño, capacidad de atención sostenida, etc., dedicaremos unos tiempos u otros al trabajo productivo y los descansos.

Generalizando un poco, y aunque habría que valorar cada caso por separado, podríamos tener en cuenta las siguientes tablas para cada etapa.

Ilustración de Ana Durán

¿Necesito medir el tiempo?

Sí, ya que necesitamos que se respeten los tiempos dedicados al trabajo productivo y al descanso. Se puede utilizar un cronómetro o un temporizador de cocina.

¿Qué pasa si no llega el tiempo?

Pues, aunque no debamos abusar, siempre podemos incorporar un descanso y otro tiempo de trabajo productivo. Esto debe hacerse solo en casos excepcionales, puesto que lo que intentamos es aprovechar el tiempo establecido, siendo cada vez más eficaces en la realización de las tareas.

¿Y si terminamos antes?

En el caso de que se terminen las tareas antes de lo previsto, daremos por finalizada la sesión.

¿Y si además tiene que estudiar para un examen?

Pues el tiempo de preparación de un examen será incluido en la planificación, como una tarea más a realizar. Dependiendo de la complejidad del tema, extensión y demás, lo situaremos en un puesto de la lista u otro.

El papel del adulto

En la entrada Exámes, notas y “responsabilidades compartidas” os he hablado del papel del adulto respecto a las tareas escolares de sus hijos, y cómo responsabilizándonos nosotros de sus obligaciones, los desresponsabilizamos a ellos.

Timetable, Plan, Time, School, Learn

Es por ello, que el adulto acompaña y apoya, pero no ayuda a hacer los deberes: una diferencia sutil, pero que marca la diferencia. Y además, este acompañamiento es temporal, ya que uno de nuestros objetivos es que sean autónomos.

Antes de empezar

Dedicamos un tiempo para explicar con detalle cómo se va a organizar el tiempo de estudio, en qué consiste cada una de las fases, cuánto tiempo dedicaremos a cada una y demás aspectos. Podéis guiaros por la siguiente planificación.

Ilustración de Ana Durán

Los primeros días o semanas

Al principio, durante los primeros días o semanas, deberemos acompañar al alumno de manera que nos aseguremos que comprende el proceso, lo lleva a cabo correctamente y en el orden marcado, termina las tareas y cumple los tiempos marcados.

Será necesario:

  • Apoyarlos en la fase de planificación, supervisando que apuntan todas las tareas y que especifican un orden coherente.
  • Acompañarlos en las fases de trabajo productivo, sugiriendo que apunten las dudas si los vemos atascados.
  • Controlar los tiempos de cada fase.

¿Cómo logramos su autonomía?

Una vez que vemos que ya han interiorizado completamente el proceso será el momento de que nuestra presencia en el lugar de estudio vaya disminuyendo de manera progresiva hasta, prácticamente, desaparecer.

Durante las primeras semanas lo normal es que sea necesario estar a su lado durante todo el tiempo de estudio. Sin embargo, cuando ya llevemos un par de semanas trabajando así, debemos reducir este tiempo a 30 minutos, luego a 20, después solo estaremos al inicio y final del estudio… Es decir, debemos ir ausentándonos cada vez más tiempo del lugar de estudio, y siempre de manera progresiva, hasta que, al final, sean ellos los que realizan todo el proceso de manera autónoma.

¿Y qué pasa cuando me piden ayuda?

Es normal que pidan ayuda: porque no comprenden un enunciado; porque no son capaces de buscar en el texto la respuesta a sus preguntas; no saben algo… Pero el adulto no da soluciones, sugiere diferentes vías para resolverlas.

Si, por ejemplo, tiene que responder a unas preguntas sobre un texto, y nos pide ayuda, no le buscamos la solución en el texto, sino que lo guiamos con preguntas del tipo: ¿dónde podrías encontrar la solución? ¿de qué trata el texto? ¿cuál es la pregunta que te hacen? ¿crees que tu respuesta da solución a esta pregunta? ¿podrías aportar algo más?


Es una tarea complicada y entiendo el miedo o reticencia de los padres respecto a la hora de dejarlos ser autónomos en cuanto al estudio: ¿acabarán la tarea? ¿estudiarán para el examen de mañana? ¿serán capaces de terminar el proyecto de ciencias? ¿los profes notarán mejoría en su rendimiento académico?

La respuesta a todas estas preguntas, y lo digo basándome en mi experiencia, es SÍ: siendo constantes; dejando que sean ellos los que asuman la responsabilidad completa de sus tareas escolares; adaptando los tiempos a las necesidades de cada uno; realizando las tareas siempre en el mismo espacio y en los mismos momentos; dándoles cada vez más autonomía; reduciendo el tiempo que pasamos con ellos mientras realizan las tareas…

Espero que estas pautas os resulten de utilidad, y por supuesto, si tenéis alguna duda o discrepáis en algún punto, escribidme en comentarios y estaré encantada de hablar con vosotros.

1 comentario en “Los temidos deberes”

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