Habitáculo familiar

El no y la frustración

Evitar la palabra no

Llevo tiempo observando un modelo de maternidad y paternidad basado en evitar la palabra no. He de decir que siempre me ha llamado poderosamente la atención.

Creo que cuando unos padres deciden evitar la palabra no, lo han hecho pensando en el lado negativo de la palabra. Sin embargo, no han reflexionado acerca de todo lo que puede conllevar para el peque a nivel social y emocional evitar este monosílabo.

Evitar la palabra no

Tienen sus motivos, y no dejan de ser legítimos. Todos los padres y todas las madres quieren lo mejor para sus hijos. Basándose en sus propias experiencias, pretenden allanar o facilitar el paso por la vida a los niños.

Quizá, también, lo eviten como forma de contrarrestar el modelo de sus padres que decían más noes que síes:

-No, porque lo digo yo.

-No es que no.

-No.

-No.

-¡NO!

No había motivos, solo negaciones. Cuando nos dicen que no, lo primero que preguntamos es el porqué; cuando nos lo niegan nos genera frustración, enfado y una serie de sentimientos negativos, con los cuales también tenemos que aprender a vivir. Sin embargo, nos sentimos más reconfortados si hay un motivo claro.

En la vida nos enfrentamos a noes continuos, y algunas veces abundan más que los síes. Evitar que los niños se enfrenten a esta palabra en su más tierna infancia generará un niño con un nivel muy deficiente de tolerancia a la frustración.

Evitar la palabra no

¿Por qué es necesario tolerar la frustración?

Porque no siempre vamos a hacer o nos va a pasar lo que queremos, lo que teníamos pensado o lo que sería mejor para nosotros. Nuestras expectativas chocan contra la realidad continuamente. Aprender a tolerar este choque nos hará reponernos a nivel emocional y reconducir nuestros esfuerzos a encontrar otro camino o plantearnos nuevos objetivos.

Si un pequeño no tiene tolerancia a la frustración, tampoco será paciente. Lo que desea lo quiere ahora, no después. La paciencia es clave en muchos aspectos de la vida. Aquello que más nos reconforta a nivel personal nos ha conllevado esfuerzo y un tiempo de espera.

He visto como para evitar decir que no, algunos papis y mamis utilizan una serie de cabriolas de prestidigitador que producen situaciones un tanto cómicas para los que los observamos desde fuera.

-Mamá, quiero un huevo de chocolate.

-Mira esa grúa, ¿viste que grande?

Si el nene es muy pequeño puede ser que esta estrategia funcione. Pero, lo más normal es que ponga cara de circunstancia y piense que estamos sordos o que no le hacemos caso. Cómo poco, volverá a insistir.

Podemos decir que no

Podemos decir que no, ¡no pasa nada! Podemos tener mil motivos y todos legítimos.

Evitar la palabra no

Lo que debemos hacer es explicarle por qué le decimos que no. Claro, puede ser que no lo entienda y que se agarre una pataleta de aúpa. Pero, nosotros ya hemos dicho firmemente que no y le hemos explicado el motivo. Al peque no le gusta, llora y protesta, pero no podemos ceder al chantaje de los berrinches. Algunos peques tienen un control sobre los padres a través de los lloros que dejarían descolocado a cualquiera.

Evitar la palabra no

También podemos decir «ahora no, pero después sí«:

-Ahora no. Compraremos el huevo de chocolate por la tarde y lo comes en la merienda.

Momentos para los síes y momentos para los noes

Creo que para todo hay momentos: hay momentos para los síes y momentos para los noes. Saber utilizarlos en cada momento, y de manera asertiva no generará niños con ningún tipo de trauma. Los padres tienen que poder establecer sus límites, expresar sus deseos, opiniones y decisiones, entre otros. Como he dicho al principio, todos los padres y todas las madres quieren lo mejor para sus retoños.

Aceptar noes y síes forma parte de la vida. Dado que no podremos protegerlos para siempre de las negativas que les esperan, será mejor prepararlos emocionalmente para que puedan afrontarlos de una manera adecuada.


¿Qué opináis al respecto? ¿Creéis que protegemos a los peques en exceso?

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Gracias por leerme, y si te ha gustado ¡compártelo! 🙂

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